Para dementes que conocen la locura estando totalmente cuerdos...

jueves, 26 de noviembre de 2009

Una carta de despedida.

Yo no podía seguir el juego.
Yo simplemente no podía.


Quienes me conocieron supieron que siempre quise seguir.
Siempre trate, pero siempre caí.
Siempre fue así, debido a que siempre confié de más.
Y no hacia falta decirlo, la gente que me conoció supo que mas que nada, fuí credula.
No era agradable, no lo era. La verdad es que no sentía deseos de seguir.
El tiempo pasaba y me exigía seguir, mas yo no podia hacerlo.
Senti deseos de parar, senti deseos de simplemente un dia extinguirme.
Yo no podia hacerlo.
Tenia motivos para querer hacerlo pero nunca lo hice.
Senti deseos de dejar todo, de abandonar, de simplemente detener mi mente y mi cuerpo y quedarme en estado de pausa. Todo seria mas simple si lo hubiera hecho.


Pero algo que contrastaba con mis deseos de huir era el hecho de que era cobarde.
Era la persona mas cobarde que conocí en el mundo porque por mucho, siempre fui crédula. Bien podrían decirme que mañana caerian globos del cielo y yo lo hubiera creído-
Pudieron haberme dicho que mañana las tortugas tendrían alas y yo lo hubiera querido.
Pero así fui yo. La verdad no tengo deseos de nada. Lo perdí. Perdí ese gusto de sentir. Aveces volvía, se quedaba semanas. horas.. minutos tal vez, y despues desaparecia. No supe si yo tenia la culpa, nunca me gustó culpar a nadie. La verdad, estaba harta de repartir culpas. No me gustaba, porque en el fondo sabia que la culpable era yo. Simplemente era yo, quien se dañaba, quien lloraba. quien no hablaba de eso con nadie, quien odiaba ser feliz y existir. No queria.
Las lagrimas resbalaban y me nublaban la vista. Asi fue el dia que decidi escribir una carta.
Una carta de disculpa, de memorias, de recuerdos, de tiempos, de silencios y de adiós.
Mas que nada, esta era una carta de adiós.
Yo estaba cansada. 18 años y cansada. Muy cansada. Demasiado cansada.
18 años y estaba harta. De todo, nada me producia placer. Habia llegado el momento en que se sentia como si fueran 180 años en vez de 18.

Esta era mi carta de despedida ese dia que decidi irme. Decidi huir. Y por primera vez, no me importaba la ortografia, los acentos, las comas. Porque dentro de algunas horas ya no existiria mas. Habria pasado a ser algo inexistente, como siempre lo habia sido pero esta vez iba en serio.
Una noche antes habia llorado. Unas horas antes habia reido alegremente con mis amigos y habia planeado un fin de semana. Un fin de semana que no iba a llegar.
Mejor dicho, el fin de semana llegaria, oh si, claro que lo haria, pero habia olvidado decir que quien no llegaria a verlo seria yo.
Y es que habia decidido ser libre, y como bien dice una amiga: Aveces ganar significa ser destruido. (DULCE esa frase es tuya. te quiero)





Y esta era mi carta de despedida.

Una carta de despedida.

Yo no podía seguir el juego.
Yo simplemente no podía.


Quienes me conocieron supieron que siempre quise seguir.
Siempre trate, pero siempre caí.
Siempre fue así, debido a que siempre confié de más.
Y no hacia falta decirlo, la gente que me conoció supo que mas que nada, fuí credula.
No era agradable, no lo era. La verdad es que no sentía deseos de seguir.
El tiempo pasaba y me exigía seguir, mas yo no podia hacerlo.
Senti deseos de parar, senti deseos de simplemente un dia extinguirme.
Yo no podia hacerlo.
Tenia motivos para querer hacerlo pero nunca lo hice.
Senti deseos de dejar todo, de abandonar, de simplemente detener mi mente y mi cuerpo y quedarme en estado de pausa. Todo seria mas simple si lo hubiera hecho.


Pero algo que contrastaba con mis deseos de huir era el hecho de que era cobarde.
Era la persona mas cobarde que conocí en el mundo porque por mucho, siempre fui crédula. Bien podrían decirme que mañana caerian globos del cielo y yo lo hubiera creído-
Pudieron haberme dicho que mañana las tortugas tendrían alas y yo lo hubiera querido.
Pero así fui yo. La verdad no tengo deseos de nada. Lo perdí. Perdí ese gusto de sentir. Aveces volvía, se quedaba semanas. horas.. minutos tal vez, y despues desaparecia. No supe si yo tenia la culpa, nunca me gustó culpar a nadie. La verdad, estaba harta de repartir culpas. No me gustaba, porque en el fondo sabia que la culpable era yo. Simplemente era yo, quien se dañaba, quien lloraba. quien no hablaba de eso con nadie, quien odiaba ser feliz y existir. No queria.
Las lagrimas resbalaban y me nublaban la vista. Asi fue el dia que decidi escribir una carta.
Una carta de disculpa, de memorias, de recuerdos, de tiempos, de silencios y de adiós.
Mas que nada, esta era una carta de adiós.
Yo estaba cansada. 18 años y cansada. Muy cansada. Demasiado cansada.
18 años y estaba harta. De todo, nada me producia placer. Habia llegado el momento en que se sentia como si fueran 180 años en vez de 18.

Esta era mi carta de despedida ese dia que decidi irme. Decidi huir. Y por primera vez, no me importaba la ortografia, los acentos, las comas. Porque dentro de algunas horas ya no existiria mas. Habria pasado a ser algo inexistente, como siempre lo habia sido pero esta vez iba en serio.
Una noche antes habia llorado. Unas horas antes habia reido alegremente con mis amigos y habia planeado un fin de semana. Un fin de semana que no iba a llegar.
Mejor dicho, el fin de semana llegaria, oh si, claro que lo haria, pero habia olvidado decir que quien no llegaria a verlo seria yo.
Y es que habia decidido ser libre, y como bien dice una amiga: Aveces ganar significa ser destruido. (DULCE esa frase es tuya. te quiero)





Y esta era mi carta de despedida.