Para dementes que conocen la locura estando totalmente cuerdos...

domingo, 6 de octubre de 2013

Un ser más.

Ella lo miró, con la misma mirada con la que lo miraba siempre: con ojos de estúpida enamorada.
Lo miro con defectos y virtudes, con aciertos y errores, y de repente, así nadamás pudo notar que ya no lo idealizaba con la imagen perfecta del perfecto amor soñado.

Se dió cuenta de que lo quería, igual que ayer, igual que siempre. Pero ésta vez había algo distinto: era consciente de que así como estaba él, igual estaban otros más.
Se dió cuenta de sus fortalezas como mujer: no era una barbie, pero sabía que tenía cosas interesantes que ofrecer. Lo más importante: ella estaba amandóse más que nunca antes.
Estaba preparada para superarlo. Ella se había jurado a si misma, había pedido a Dios muchas veces, había hecho lo impensable por dejar de amarlo. Y un día ocurrió. Así como cuando era pequeña y un día era agradable jugar con sus muñecas y al día siguiente comenzó a dejarlo. Así.
Pudo notar que dentro de sí misma había aprendido que el autoamor es lo único que queda al final de día. Que no importa las idioteces que ha hecho, las veces que se ha arrepentido de algún acto, las cosas que han salido de su boca, ella se había perdonado todo. Porque para amar se necesita perdonar. Y para amar a alguien más es necesario amarse primero a sí misma.

-¿Porqué me ves así? - preguntó él, con la voz llena de intriga.

-Nunca había notado que me gusta tu cabello- dijo ella, despeinandolo mientras una sonrisa le colgaba del rostro -me gustas, de verdad me gustas. Así como me gusta ir a caminar, soplar dientes de león y el chocolate caliente en tiempo de frío. Pero no te sientas seguro. He esperado tanto tiempo que un día, sin más, también me guste yo. Suena torpe, ¿verdad? Noté que el único motivo por el cual no me quieres es porque antes no me quise yo. Lo siento, ¡que tonta! No entiendo porque te lo digo, pero igual; ahora ya lo sabes.

-¿Quién dice que no te quiero?- susurró, bajando la mirada como huyendo del confrontamiento que las palabras de la chica causaron en el.

-Pues tu manera de querer es distinta a lo que esperaba. Pero no te preocupes, no es un reclamo. Es solo que hoy, que me quiero tanto; he entendido que nadie nunca va a quererme como me quiero yo.

Un ser más.

Ella lo miró, con la misma mirada con la que lo miraba siempre: con ojos de estúpida enamorada.
Lo miro con defectos y virtudes, con aciertos y errores, y de repente, así nadamás pudo notar que ya no lo idealizaba con la imagen perfecta del perfecto amor soñado.

Se dió cuenta de que lo quería, igual que ayer, igual que siempre. Pero ésta vez había algo distinto: era consciente de que así como estaba él, igual estaban otros más.
Se dió cuenta de sus fortalezas como mujer: no era una barbie, pero sabía que tenía cosas interesantes que ofrecer. Lo más importante: ella estaba amandóse más que nunca antes.
Estaba preparada para superarlo. Ella se había jurado a si misma, había pedido a Dios muchas veces, había hecho lo impensable por dejar de amarlo. Y un día ocurrió. Así como cuando era pequeña y un día era agradable jugar con sus muñecas y al día siguiente comenzó a dejarlo. Así.
Pudo notar que dentro de sí misma había aprendido que el autoamor es lo único que queda al final de día. Que no importa las idioteces que ha hecho, las veces que se ha arrepentido de algún acto, las cosas que han salido de su boca, ella se había perdonado todo. Porque para amar se necesita perdonar. Y para amar a alguien más es necesario amarse primero a sí misma.

-¿Porqué me ves así? - preguntó él, con la voz llena de intriga.

-Nunca había notado que me gusta tu cabello- dijo ella, despeinandolo mientras una sonrisa le colgaba del rostro -me gustas, de verdad me gustas. Así como me gusta ir a caminar, soplar dientes de león y el chocolate caliente en tiempo de frío. Pero no te sientas seguro. He esperado tanto tiempo que un día, sin más, también me guste yo. Suena torpe, ¿verdad? Noté que el único motivo por el cual no me quieres es porque antes no me quise yo. Lo siento, ¡que tonta! No entiendo porque te lo digo, pero igual; ahora ya lo sabes.

-¿Quién dice que no te quiero?- susurró, bajando la mirada como huyendo del confrontamiento que las palabras de la chica causaron en el.

-Pues tu manera de querer es distinta a lo que esperaba. Pero no te preocupes, no es un reclamo. Es solo que hoy, que me quiero tanto; he entendido que nadie nunca va a quererme como me quiero yo.