Para dementes que conocen la locura estando totalmente cuerdos...

sábado, 14 de diciembre de 2013

Personal: Only know you love her when you let her go.

Últimamente me pasa mucho que quiero explotar en lágrimas por cosas verdaderamente tontas.
Me ignora, lloro. Me entero de situaciones desagradables, lloro. Me siento vacía y sola, lloro.
Es patético y yo lo sé.
No sé hasta que punto él solía ser el mejor analgésico, pero hoy no está más. A veces extraño un poco la sensación de que con su abrazo todo estaba bien. Porque la verdad es que esperaba que al no estar él pronto encontraría otros brazos que también serían mi analgésico. Pero evidentemente no fue así.
Es complicado, pero supongo que yo misma me metí en ésta situación de mierda.
Siempre tendré esa duda de cómo podría haber sido mi vida a su lado.
O al lado de ese otro hombre.
Suena como si mi vida ya hubiera acabado y aunque no es así, últimamente me he sentido un tanto muerta. Como haciendo la cosas en automático.
Me había dado cuenta de que nada perdura. Nada. Por más que me esfuerce en tratar
Estaba harta: cansada de dar todo sin recibir nada a cambio. Cansada de sus constantes cambios, hasta la madre de su forma tan particular de mentirme en la cara, diciendóme que yo era especial, y creyendo esa mentira. Y luego descubrir porquería bajo sus palabras.
Y estaba harta de extrañar.
Y de desear tanto algo que evidentemente no va a pasar.
Por eso, luego de mucho pensar de pronto me cayó la idea del cielo. Bendito seas, Dios, por poner la idea en mi cabeza justo en el momento ideal. Y no, esa idea no era un suicidio. Ni tampoco estaba pensando en amarrarme a alguien por no poder tener a alguien más. Ni en cometer estupideces sin sentido.
No. Esto era algo profundo y grave. Si, muy grave.
Que sepa el cielo hasta que límites me había herido (sin saber, probablemente) para que de buenas a primeras me llegara esa idea.
Sepa el cielo hasta que grado me sentía desplazada, vacía, sola y decepcionada. Y dolida. Sobre todo eso.
En fin. El plan era alejarme. Hacerme a un lado y dejarlo tomar sus decisiones. No interferir. No estorbar. No -agregue aquí cualquier sinónimo doloroso-.
Eso era todo.
No podía enfrascarme en una competencia sin premio. No iba a ser contrincante de nadie. Nadie era premio. Nadie era nada. Y esa perra, especialmente, no era  nadie.

Goodbye my almost lover, goodbye my hopeless dream.



Personal: Only know you love her when you let her go.

Últimamente me pasa mucho que quiero explotar en lágrimas por cosas verdaderamente tontas.
Me ignora, lloro. Me entero de situaciones desagradables, lloro. Me siento vacía y sola, lloro.
Es patético y yo lo sé.
No sé hasta que punto él solía ser el mejor analgésico, pero hoy no está más. A veces extraño un poco la sensación de que con su abrazo todo estaba bien. Porque la verdad es que esperaba que al no estar él pronto encontraría otros brazos que también serían mi analgésico. Pero evidentemente no fue así.
Es complicado, pero supongo que yo misma me metí en ésta situación de mierda.
Siempre tendré esa duda de cómo podría haber sido mi vida a su lado.
O al lado de ese otro hombre.
Suena como si mi vida ya hubiera acabado y aunque no es así, últimamente me he sentido un tanto muerta. Como haciendo la cosas en automático.
Me había dado cuenta de que nada perdura. Nada. Por más que me esfuerce en tratar
Estaba harta: cansada de dar todo sin recibir nada a cambio. Cansada de sus constantes cambios, hasta la madre de su forma tan particular de mentirme en la cara, diciendóme que yo era especial, y creyendo esa mentira. Y luego descubrir porquería bajo sus palabras.
Y estaba harta de extrañar.
Y de desear tanto algo que evidentemente no va a pasar.
Por eso, luego de mucho pensar de pronto me cayó la idea del cielo. Bendito seas, Dios, por poner la idea en mi cabeza justo en el momento ideal. Y no, esa idea no era un suicidio. Ni tampoco estaba pensando en amarrarme a alguien por no poder tener a alguien más. Ni en cometer estupideces sin sentido.
No. Esto era algo profundo y grave. Si, muy grave.
Que sepa el cielo hasta que límites me había herido (sin saber, probablemente) para que de buenas a primeras me llegara esa idea.
Sepa el cielo hasta que grado me sentía desplazada, vacía, sola y decepcionada. Y dolida. Sobre todo eso.
En fin. El plan era alejarme. Hacerme a un lado y dejarlo tomar sus decisiones. No interferir. No estorbar. No -agregue aquí cualquier sinónimo doloroso-.
Eso era todo.
No podía enfrascarme en una competencia sin premio. No iba a ser contrincante de nadie. Nadie era premio. Nadie era nada. Y esa perra, especialmente, no era  nadie.

Goodbye my almost lover, goodbye my hopeless dream.