Para dementes que conocen la locura estando totalmente cuerdos...

domingo, 25 de julio de 2010

Noches


Llueve. Las gotas se deslizan entre mi ventana. En nuestra cama existen restos de nuestra noche anterior, y mientras las emociones se desmoronan entre mis dedos puedo notar tu escencia que sigue impregnada en mi cuerpo, tu olor sigue en mi almohada y nuestra cama muestra signos evidentes de nuestras ganas de amar. Llueve, y aquí, el clima es propicio para extrañarte. Pasan los segundos como si sonrieran ante el hecho de atormentarme con tu partida. Sigo recorriendo nuestra habitación con mi mirada, mientras puedo seguir notando los detalles de nuestra noche. Vuelvo a recordar la manera en que tus labios besaron suavemente la superficie de mi cuerpo, mientras interiormente mis emociones se disparaban como polvora. Me hiciste derretirme para recubrir tu cuerpo y entre mil caricias me hiciste saber que esto era real. Tus manos dibujaron figuras y formas en mi, y pude notar que tal vez sin roce alguno sabias entender mi lenguaje, y una vez mas me encontré mirándote, perdiéndome en ti, en tus formas, en tu silencio… tu maldito silencio sensual, intercambio de miradas, sensualidad de roces… besos…sensualidad… Pero ahora llueve, y tu ausencia me recordaba aquellas noches de amar sin tiempos. Nada existía, porque podía besar tu silencio y… despertar… de pronto despertaba… Y te veía a mi lado, enredado en mi sabana, durmiendo en mi cama, abrazandome mientras me enredaba en tu cuerpo…. Y seguías. Y era como si una extraña adicción nos impidiera parar… Entonces unirnos no dolia tanto y decir adiós era opcional. Pero no importaba, el dolor no se sentía mientras tus manos continuaran en mi cadera, mientras los botones estorbaban y la ansiedad aumentaba. Y era estúpidamente simple amarte. Y sentirte… siempre sintiéndote… Y despertar. Siempre despertando… Dios, tanta sensualidad debería ser pecado… y tanto calor era porque tal vez estábamos en el infierno… Si, tal vez, pero que bien se siente… Y nunca supe tu nombre, porque conoci primero tu cuerpo, y jamás vi tu rostro porque me perdi en tus silencios y a pesar de eso me amaste… y cada noche me hacias sentir amada… y Despertaba… Siempre despertaba.

Noches


Llueve. Las gotas se deslizan entre mi ventana. En nuestra cama existen restos de nuestra noche anterior, y mientras las emociones se desmoronan entre mis dedos puedo notar tu escencia que sigue impregnada en mi cuerpo, tu olor sigue en mi almohada y nuestra cama muestra signos evidentes de nuestras ganas de amar. Llueve, y aquí, el clima es propicio para extrañarte. Pasan los segundos como si sonrieran ante el hecho de atormentarme con tu partida. Sigo recorriendo nuestra habitación con mi mirada, mientras puedo seguir notando los detalles de nuestra noche. Vuelvo a recordar la manera en que tus labios besaron suavemente la superficie de mi cuerpo, mientras interiormente mis emociones se disparaban como polvora. Me hiciste derretirme para recubrir tu cuerpo y entre mil caricias me hiciste saber que esto era real. Tus manos dibujaron figuras y formas en mi, y pude notar que tal vez sin roce alguno sabias entender mi lenguaje, y una vez mas me encontré mirándote, perdiéndome en ti, en tus formas, en tu silencio… tu maldito silencio sensual, intercambio de miradas, sensualidad de roces… besos…sensualidad… Pero ahora llueve, y tu ausencia me recordaba aquellas noches de amar sin tiempos. Nada existía, porque podía besar tu silencio y… despertar… de pronto despertaba… Y te veía a mi lado, enredado en mi sabana, durmiendo en mi cama, abrazandome mientras me enredaba en tu cuerpo…. Y seguías. Y era como si una extraña adicción nos impidiera parar… Entonces unirnos no dolia tanto y decir adiós era opcional. Pero no importaba, el dolor no se sentía mientras tus manos continuaran en mi cadera, mientras los botones estorbaban y la ansiedad aumentaba. Y era estúpidamente simple amarte. Y sentirte… siempre sintiéndote… Y despertar. Siempre despertando… Dios, tanta sensualidad debería ser pecado… y tanto calor era porque tal vez estábamos en el infierno… Si, tal vez, pero que bien se siente… Y nunca supe tu nombre, porque conoci primero tu cuerpo, y jamás vi tu rostro porque me perdi en tus silencios y a pesar de eso me amaste… y cada noche me hacias sentir amada… y Despertaba… Siempre despertaba.