Para dementes que conocen la locura estando totalmente cuerdos...

domingo, 20 de octubre de 2013

Las mejores historias se escriben desde el fondo de un corazón roto...

Ella estaba quebrada. Una vez más. Más quebrada que nunca. Más torcida. Más violentada. Más dolida.
Habías decidido dañarme con toda la planeación.
No era necesario que mintieras, ¿sabes?
Aún con el dolor que estoy sintiendo, con la rabia, el enojo y la decepción, aún con lágrimas en los ojos, aún así sé que no merecía ésto.
Siempre fui más de lo que nunca tuviste. Te traté como nunca te trataron. Te quise (me atrevo a decir) más de lo que nunca nadie te quiso.
No merezco ésto.
No tendría que llorar por ésta basura, no tendría que llorar por tus actos. No tendrías que prometer basura que no eres capáz de cumplir.
Y no tendría que darme cuenta de la realidad de ésta forma.
No.

Hice todo.
Y nada funcionó.
Odio sentir lo que siento, odio seguir aquí para ti y odio sentir mi corazón rompiendóse.
Es ridículo decirlo. Es estúpido sentir la autocompasión que estoy sintiendo por mi misma en éste momento, pero sé que tu no lo harás.
¿Cómo iba a saberlo? Oh, ¿cómo iba a saberlo? ¿Cómo iba a saber que tu cuento estúpido no era la basura que yo pretendía que sería? ¿Cómo iba a saber que no entiendes lo que es querer a alguien de una forma tan pura? ¿Cómo rayos?

Odio sentir esto, pero al final sé que habrá algo bueno.
Los mejores aprendizajes salen de las peores situaciones, y las mejores historias siempre se escriben desde el fondo de un corazón roto.


viernes, 11 de octubre de 2013

Final.

El final había llegado. Luego de tantas cosas, luego de tantas lágrimas la noche anterior.
Muchas veces le habían advertido: no es bueno esperar algo de las personas. Si no cumplen las expectativas es probable que duela. Pero claro,ella, obstinada como siempre; había decidido ir más allá y entregarse por completo. Ponía a su disposición su tiempo, sus recursos, sus ganas y sus fuerzas. Había cancelado varias veces compromisos importantes por quedarse tumbada en su colchón una hora más.
Erronéamente había puesto todo cuanto tenía a sus pies.
Erronéamente, por que a él nunca le importó.
De pronto, sin más, a ella se le cayó la venda de los ojos: había buscado tanto tiempo avanzar un poco más y nunca lograba llegar a ningun lado. Estaba cansada. Esta vez había llegado al límite.
Había notado que a el no me importaba cancelarle a ella, no le importaba hacerla esperar horas por una llamada. No le importaba ilusionarla con palabras y romper su corazón (otra vez) con hechos.

Esta vez había sido suficiente. Esta vez primero era ella.
Y así acabó la historia.
Con lágrimas, igual a como había empezado. Con una ilusión que siempre vuelve, con lágrimas, con la decisión firmemente plantada. Con ella mandando al diablo todo, harta de todo.

Y aún así, solo se me ocurre amarte.

lunes, 7 de octubre de 2013

De esas cosas que se encuentran por casualidad...

“Se rompieron el corazón
de mutuo acuerdo.
No pueden estar juntos.
No quieren estar juntos,
porque si en verdad lo quisieran
lo intentarían todo, pero no.
Ambos son sensatos,
realistas y demasiado
románticos como para
arriesgarse a perder
todo “sólo” por intentarlo.”
Mayra Zepeda

domingo, 6 de octubre de 2013

Un ser más.

Ella lo miró, con la misma mirada con la que lo miraba siempre: con ojos de estúpida enamorada.
Lo miro con defectos y virtudes, con aciertos y errores, y de repente, así nadamás pudo notar que ya no lo idealizaba con la imagen perfecta del perfecto amor soñado.

Se dió cuenta de que lo quería, igual que ayer, igual que siempre. Pero ésta vez había algo distinto: era consciente de que así como estaba él, igual estaban otros más.
Se dió cuenta de sus fortalezas como mujer: no era una barbie, pero sabía que tenía cosas interesantes que ofrecer. Lo más importante: ella estaba amandóse más que nunca antes.
Estaba preparada para superarlo. Ella se había jurado a si misma, había pedido a Dios muchas veces, había hecho lo impensable por dejar de amarlo. Y un día ocurrió. Así como cuando era pequeña y un día era agradable jugar con sus muñecas y al día siguiente comenzó a dejarlo. Así.
Pudo notar que dentro de sí misma había aprendido que el autoamor es lo único que queda al final de día. Que no importa las idioteces que ha hecho, las veces que se ha arrepentido de algún acto, las cosas que han salido de su boca, ella se había perdonado todo. Porque para amar se necesita perdonar. Y para amar a alguien más es necesario amarse primero a sí misma.

-¿Porqué me ves así? - preguntó él, con la voz llena de intriga.

-Nunca había notado que me gusta tu cabello- dijo ella, despeinandolo mientras una sonrisa le colgaba del rostro -me gustas, de verdad me gustas. Así como me gusta ir a caminar, soplar dientes de león y el chocolate caliente en tiempo de frío. Pero no te sientas seguro. He esperado tanto tiempo que un día, sin más, también me guste yo. Suena torpe, ¿verdad? Noté que el único motivo por el cual no me quieres es porque antes no me quise yo. Lo siento, ¡que tonta! No entiendo porque te lo digo, pero igual; ahora ya lo sabes.

-¿Quién dice que no te quiero?- susurró, bajando la mirada como huyendo del confrontamiento que las palabras de la chica causaron en el.

-Pues tu manera de querer es distinta a lo que esperaba. Pero no te preocupes, no es un reclamo. Es solo que hoy, que me quiero tanto; he entendido que nadie nunca va a quererme como me quiero yo.

Finchel.

Rachel:  ¿No lo entiendes? No importa cuán rica, o famosa, o exitosa me vuelva; cuando se trata de tí... yo... siempre seré la chica con la luna en los ojos... la que te asustó en nuestro primer ensayo del coro. Fuiste el primer chico que me hizo sentir amada... y sexy... y visible. Eres mi primer amor... y quiero más que nada en el mundo que seas mi último. Pero no puedo hacer esto más.


Las mejores historias se escriben desde el fondo de un corazón roto...

Ella estaba quebrada. Una vez más. Más quebrada que nunca. Más torcida. Más violentada. Más dolida.
Habías decidido dañarme con toda la planeación.
No era necesario que mintieras, ¿sabes?
Aún con el dolor que estoy sintiendo, con la rabia, el enojo y la decepción, aún con lágrimas en los ojos, aún así sé que no merecía ésto.
Siempre fui más de lo que nunca tuviste. Te traté como nunca te trataron. Te quise (me atrevo a decir) más de lo que nunca nadie te quiso.
No merezco ésto.
No tendría que llorar por ésta basura, no tendría que llorar por tus actos. No tendrías que prometer basura que no eres capáz de cumplir.
Y no tendría que darme cuenta de la realidad de ésta forma.
No.

Hice todo.
Y nada funcionó.
Odio sentir lo que siento, odio seguir aquí para ti y odio sentir mi corazón rompiendóse.
Es ridículo decirlo. Es estúpido sentir la autocompasión que estoy sintiendo por mi misma en éste momento, pero sé que tu no lo harás.
¿Cómo iba a saberlo? Oh, ¿cómo iba a saberlo? ¿Cómo iba a saber que tu cuento estúpido no era la basura que yo pretendía que sería? ¿Cómo iba a saber que no entiendes lo que es querer a alguien de una forma tan pura? ¿Cómo rayos?

Odio sentir esto, pero al final sé que habrá algo bueno.
Los mejores aprendizajes salen de las peores situaciones, y las mejores historias siempre se escriben desde el fondo de un corazón roto.


Final.

El final había llegado. Luego de tantas cosas, luego de tantas lágrimas la noche anterior.
Muchas veces le habían advertido: no es bueno esperar algo de las personas. Si no cumplen las expectativas es probable que duela. Pero claro,ella, obstinada como siempre; había decidido ir más allá y entregarse por completo. Ponía a su disposición su tiempo, sus recursos, sus ganas y sus fuerzas. Había cancelado varias veces compromisos importantes por quedarse tumbada en su colchón una hora más.
Erronéamente había puesto todo cuanto tenía a sus pies.
Erronéamente, por que a él nunca le importó.
De pronto, sin más, a ella se le cayó la venda de los ojos: había buscado tanto tiempo avanzar un poco más y nunca lograba llegar a ningun lado. Estaba cansada. Esta vez había llegado al límite.
Había notado que a el no me importaba cancelarle a ella, no le importaba hacerla esperar horas por una llamada. No le importaba ilusionarla con palabras y romper su corazón (otra vez) con hechos.

Esta vez había sido suficiente. Esta vez primero era ella.
Y así acabó la historia.
Con lágrimas, igual a como había empezado. Con una ilusión que siempre vuelve, con lágrimas, con la decisión firmemente plantada. Con ella mandando al diablo todo, harta de todo.

Y aún así, solo se me ocurre amarte.

De esas cosas que se encuentran por casualidad...

“Se rompieron el corazón
de mutuo acuerdo.
No pueden estar juntos.
No quieren estar juntos,
porque si en verdad lo quisieran
lo intentarían todo, pero no.
Ambos son sensatos,
realistas y demasiado
románticos como para
arriesgarse a perder
todo “sólo” por intentarlo.”
Mayra Zepeda

Un ser más.

Ella lo miró, con la misma mirada con la que lo miraba siempre: con ojos de estúpida enamorada.
Lo miro con defectos y virtudes, con aciertos y errores, y de repente, así nadamás pudo notar que ya no lo idealizaba con la imagen perfecta del perfecto amor soñado.

Se dió cuenta de que lo quería, igual que ayer, igual que siempre. Pero ésta vez había algo distinto: era consciente de que así como estaba él, igual estaban otros más.
Se dió cuenta de sus fortalezas como mujer: no era una barbie, pero sabía que tenía cosas interesantes que ofrecer. Lo más importante: ella estaba amandóse más que nunca antes.
Estaba preparada para superarlo. Ella se había jurado a si misma, había pedido a Dios muchas veces, había hecho lo impensable por dejar de amarlo. Y un día ocurrió. Así como cuando era pequeña y un día era agradable jugar con sus muñecas y al día siguiente comenzó a dejarlo. Así.
Pudo notar que dentro de sí misma había aprendido que el autoamor es lo único que queda al final de día. Que no importa las idioteces que ha hecho, las veces que se ha arrepentido de algún acto, las cosas que han salido de su boca, ella se había perdonado todo. Porque para amar se necesita perdonar. Y para amar a alguien más es necesario amarse primero a sí misma.

-¿Porqué me ves así? - preguntó él, con la voz llena de intriga.

-Nunca había notado que me gusta tu cabello- dijo ella, despeinandolo mientras una sonrisa le colgaba del rostro -me gustas, de verdad me gustas. Así como me gusta ir a caminar, soplar dientes de león y el chocolate caliente en tiempo de frío. Pero no te sientas seguro. He esperado tanto tiempo que un día, sin más, también me guste yo. Suena torpe, ¿verdad? Noté que el único motivo por el cual no me quieres es porque antes no me quise yo. Lo siento, ¡que tonta! No entiendo porque te lo digo, pero igual; ahora ya lo sabes.

-¿Quién dice que no te quiero?- susurró, bajando la mirada como huyendo del confrontamiento que las palabras de la chica causaron en el.

-Pues tu manera de querer es distinta a lo que esperaba. Pero no te preocupes, no es un reclamo. Es solo que hoy, que me quiero tanto; he entendido que nadie nunca va a quererme como me quiero yo.

Finchel.

Rachel:  ¿No lo entiendes? No importa cuán rica, o famosa, o exitosa me vuelva; cuando se trata de tí... yo... siempre seré la chica con la luna en los ojos... la que te asustó en nuestro primer ensayo del coro. Fuiste el primer chico que me hizo sentir amada... y sexy... y visible. Eres mi primer amor... y quiero más que nada en el mundo que seas mi último. Pero no puedo hacer esto más.